lo que se cuece

¿URGENCIAS O PRISAS?

La posible creación de una especialidad de urgencias es un fenómeno deja-vû. Dos años después de que la semFYC propusiera la creación de una Comisión interdisciplinar de expertos independientes para analizar de forma rigurosa, y en profundidad, las necesidades de la atención en urgencias en España y de sus profesionales, nos encontramos ante un escenario similar. La SEMES, un colectivo minoritario (el único, no hay nadie más) exige la creación de una especialidad de urgencias arrogándose la representatividad de los 6.000 profesionales que trabajan en ese ámbito. Un dato interesante: el 30% de los socios de SEMES son médicos, el resto lo componen profesionales de enfermería y técnicos de transporte sanitario; por otro lado, el 20% de los socios de la semFYC trabaja en el ámbito de las urgencias. ¿Quién representa a quién?

Ciertamente, en la última década ha aumentado la demanda de la asistencia urgente. La sociedad actual, inmersa en la cultura del consumo inmediato por la influencia de los medios de comunicación, demanda soluciones rápidas y eficientes para todo y las personas acuden a los hospitales mayoritariamente por iniciativa propia, y en un 60% de los casos por patología menor, en busca de la solución que no les otorga el sistema en su lugar correspondiente. Todos los problemas organizativos del sistema sanitario que se han ido sucediendo y acumulando en estos 10 años han influido en el aumento del número de demandas. Entre algunos de los top ten cabe mencionar: listas de espera con plazos de demora intolerables; disminución de estancias hospitalarias por falta de camas; no poder acceder a algunas pruebas diagnósticas desde los centros de salud, alargando todavía más las habituales demoras; escasa dotación de recursos estructurales y humanos en Atención Primaria, que impide la correcta atención y nivel de resolución en este ámbito asistencial.

Ante un escenario de posible creación de una nueva especialidad nos hacemos algunas preguntas. ¿La creación de una especialidad va a solucionar esos problemas? Rotundamente no. Hablamos de problemas de organización, no de capacitación ni de cualificación profesional. Los profesionales que trabajan actualmente de forma mayoritaria en urgencias ya son especialistas, y la mayor parte de ellos son médicos de familia. El sistema sanitario ya dispone de especialistas bien formados y capacitados, de manera mucho más detallada e intensificada a partir del nuevo programa de la especialidad, algo que conocen de sobra gerentes y ciudadanos a juzgar por las encuestas de satisfacción de los pacientes sobre los servicios de urgencias. ¿Se establecerá una tercera vía de acceso al sistema sanitario con soluciones ultrarrápidas a cualquier tipo de problema independientemente de su gravedad, en un modelo 24 x 365? ¿Se establecerá un tercer nivel asistencial incrementando todavía más la caótica y precaria coordinación interniveles? ¿Existirán diversos tipos de especialistas que den el mismo servicio? ¿Cómo implementar una nueva especialidad ante la escasez de profesionales y plazas MIR desiertas? ¿Cuántos profesionales son necesarios? (¡Ah!, el análisis…) En un escenario europeo tendente a la convergencia y versatilidad profesional ¿se quiere acotar el espacio de actuación de algunos de ellos?

¿Existen alternativas contrastadas con nuestro entorno más próximo, ajustadas al marco normativo y con el conocimiento vigente que transformen el área de la urgencia como una línea de desarrollo profesional transversal a varias especialidades?

Y, sobre todo, ¿puede adoptarse una decisión de este calado y con perniciosos efectos secundarios, con repercusión inmediata y a largo plazo, en el sistema sanitario como arma electoral o respondiendo a la amenaza de unos pocos?

De nuevo, rotundamente no. Demasiados interrogantes sin resolver para adoptar una decisión que entraña una responsabilidad profunda hacia nuestros pacientes y nuestra sanidad. Las prisas, nunca fueron buenas consejeras.