lo que se cuece

Se observa un pálpito entre los médicos de familia (y entre los pediatras). Un pálpito que no existía antes del 10 de noviembre y que se pudo sentir durante el Congreso de la semFYC. Se convocó una asamblea de urgencia (digamos que estuvo apañadita) y se pudo ver que, después de mucho tiempo, brillaba una tenue luz, un rayo de esperanza. El resumen es éste: en el ruido, en la presión, en la reclamación en la calle, hay sillas que se inquietan. Son las sillas del poder. Por el contrario, en el silencio, en las buenas palabras, indiferencia absoluta. La fórmula está clara. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Curioso papelón el de algunos sindicatos (los mayoritarios –ya sean los del sector médico o los sindicatos de clase). O piden dimisiones, o convocan macrohuelgas que, a última hora (claro, después de salvar la sanidad pública y en especial la atención primaria, en la mesa de negociación) desconvocan. Dejando con el semejante al aire a todos los colectivos a los que habían pedido “apoyo”. No son trigo limpio. Son viejos, con intereses viejos y con poca transparencia. En cualquier caso, un mensaje para navegantes en red, esos que entran a leer lo que se cuece a hurtadillas: siempre será posible generar alianzas.

Viajar y leer la prensa dan para mucho. Una información curiosa: un libelo minoritario del sector sanitario está intentando financiarse y reflotar su economía maldiciendo y difamando a la semFYC. Su línea editorial en las últimas semanas ha consistido en guiñar un ojo a la industria farmacéutica, acusando a los presentes de malos, malos, malos de verdad. Aprovechaba para insinuar que si “la industria confiaba en el libelo como órgano oficial para la defensa de sus intereses”, seguirían su batalla ante los malos (la semFYC). Todo por dinero, para conseguir más anuncios que mantengan la publicación. ¿El motivo de la crítica? La Mesa sobre “Medicalización de la vida” que se ha celebrado en el Congreso de Valencia. Lo que no sabe el libelo es que nos hemos sentido realmente muy halagados por sus críticas. Han sido un premio a nuestros 25 años de defensa del rigor y la independencia científica. De verdad, no es una falsa apariencia. ¡Un poco más, por favor!

Navegantes, ¡a preparar los turrones!